Story

"Agua"

Cuatro días sin agua resultan eternos. Los platos y cubiertos se amontonan sin orden, los espaguetis no quieren cocinarse solos, el water se convierte en un gasto más que hay que acotar, las duchas suponen un lujo imposible de asumir, los paños recién comprados no podrán lavarse con sal, hacer la colada no es una opción, la temperatura exterior parece aumentar solo para recordarte que no podrás domarla con agua. Es entonces cuando harías cualquier locura por conseguir un bidón de ese bien tan preciado, de esa necesidad primaria para seguir existiendo. “Amazi” que mágica palabra en kinyarwanda. Recorres las calles bajo un sol que calienta sin respeto y preguntas por “amazi” como si se tratara de un individuo sabio y valioso de barba blanca al que todo el mundo conoce. No saber cuando nuestro individuo regresará a casa nos convierte en previsores y cuidadosos. Goma no ayuda, pues no conoce la precaria situación por la que estamos pasando. Por la noche, cuando esperas que un milagro te devuelva a “amazi” la electricidad se siente sola y decide partir con el agua para buscar un destino mejor. Dios” te ha abandonado. Decides acostarte con un salón lleno de papeles, pipis de Goma como charcos a saltear, migas de lo que prefieras, velas a punto de morir y muchos cacharros que desearían ser lavados. Relativizas. Inevitable. Tus necesidades se transforman en una ciudad como Kigali. Hoy nos han regalado 10 minutos de agua a las 20.15 y los he disfrutado como un niño que prueba por vez primera el algodón de azúcar. Cuando oyes ese primer chorro bajar por la ducha que has dejado abierta con la esperanza de que llegue ese momento; GRITAS. Como debe gritar una planta cuando la riegan. Es entonces cuando me doy cuenta de cómo cambia mi vida cuando estoy aquí. Aunque suene humilde, es un privilegio poder contrastar. (* Trupty, nuestra vecina india del piso de abajo aterrizó en Ruanda hace unos meses. Hoy ha tenido invitados, estaba muy nerviosa, quería que todos se sintieran como en casa. Me ha preparado un plato de comida india para agradecerme que le dejara la silla-cocina que acompaña los muebles de mi casa. Manjar exquisito y muy valorado por toda la comunidad por la escasez de amazi. Gracias Trupty. De la mano del plato folclórico de Trupty he conocido a una encantadora mujercita que vende comida india delante de la parada de furgonetas “okapi”, ahora ya se cómo haré de una noche cualquiera una exótica comida para paladares refinados jijiji)