Story

El chico guitarra

Conocimos a Clément durante el mes de abril, en la primera etapa de este proyecto. Caminaba sin rumbo por la calle comercial de Kigali y Antoinette le pidió que nos acompañara a ver “bitengues” (paños africanos); nos comimos la tarde hablando de la vida. Su francés era impecable. Muy pronto descubrimos que en su cabeza siempre había música. Se pasaba los días visitando amigos o conocidos que pudieran dejarle una guitarra con la que tocar o unos minutos para escucharla. Admiraba el sonido de la guitarra española pero no conocía a Paco de Lucía. Después de aquella intensa tarde, no volvimos a ver al chico guitarra. La mayoría de ruandeses esconden una historia dura y difícil. Clément también arrastraba una. Su padre era diplomático y vivieron cinco años de su vida en París. Es el hermano más pequeño de cuatro y no pudo retener mucho de aquellos años en Europa en los que él apenas había cumplido los seis. A su regreso a Ruanda, la guerra estaba muy cerca. Pertenecientes a la mayoría étnica Bahutu, sus padres fueron de la minoría que escondió a amigos Batutsi para que las agrupaciones Bahutu - armadas con machetes, fusiles antiguos y otras herramientas de agricultura - no los encontraran. Descubrieron su secreto y pasaron cinco años de su vida en prisión. Durante ese tiempo, el padre de Clément murió y a los pocos meses también falleció su madre. Hoy Clément vive bajo responsabilidad de su hermano mayor. A mi regreso a Ruanda en Julio, decidí traer una guitarra española para Clément. Hoy se pasa ocho horas tocando en su casa y ha encontrado el modo de materializar todas aquellas armonías que sonaban en su cabeza. Muchas tardes pares en las que disfrutamos de electricidad, Clément se acerca a casa para tocarnos las nuevas canciones que ha compuesto. Es un lujo estar ahí.