Story

By mille collines on 2007-08-01

Nuestros días en Ruanda ya pueden contarse con una mano y sobran muchos dedos. Por mucho que nos esforzamos en retener las horas, han iniciado ya relevos incansables. El proyecto roza ya sus últimos amaneceres; horarios revisados una y mil veces para no perder el hilo, mucho trabajo en equipo, tensión de muchos voltios, gritos, risas esporadicas y mucha concentración, mucha, mucha concentración. Escuchar por última vez a Clément - el niño guitarra- emocionarnos con su nueva canción que habla del alma de un huérfano. Emmanuele; despedirnos de sus tardes dulces y sigilosas y de sus tortillas con patatas de banana o verduras herbidas. Abrirle a Innocent la puerta de casa para que se siente a beber té y coma bananas como cada noche. Nos enseñe la foto de su futura mujer y nos invite a su boda en agosto del año que viene mientras lee un libro en francés colocado del revés entre sus manos. Las últimas carreras de Goma por el pasillo-terraza de casa con las miradas curiosas de los trabajadores y no-trabajadores del restaurante ugandés. Últimas noches en la cama de 2x2, colchón de foam hundido en el centro, zumbidos de mosquitos que aún no sabemos por dónde entran. Últimas cenas de pasta a fuego lento de cocinilla eléctrica y últimas duchas de palangana. Comprarle a Mama Jack una carta de teléfono y recordarla siempre como la mujer de las coca-colas y las fotocopias; de risa fácil y clases aceleradas de kyniaruandan. El Dr. Alphons, el veterinario de Goma, ya está preparando todos los papeles para poder transportarla a España. Nos muestra su casa lleno de orgullo, es una casa preciosa con sala de cosultas incorporada y un aparato de radiografías de antes de la segunda guerra mundial. Bahati, el motorista más simpático de Kigali, el chico del frac los domingos y una cerveza muy agradecida en Che Vendant nos llama para despedirse. La señora regordeta del cibercafé, de la que aún sigo sin saber su nombre, caturrea mientras nos devuelve el cambio de una sesión en internet. Todas aquellas personas que nos cruzamos cada mañana en el barrio; los vendedores ilegales de chicles, gomas de pelo chinas y galletas en paquete rojo (muy aconsejables) se cruzaran poco más. Los vendedores ilegales de ropa de segunda mano y bolsos; siempre encontramos algo sorprendente. El guarda vestido de rosa que saluda militarmente cada mediodía cuando entra a pedirnos la llave para ir al lavabo externo del taller. Última cena con Elisa y José Luís, nuestro descubrimiento en Ruanda las dos últimas semanas. Una pareja de apasionados de África trabajando actualmente para Medicus Mundi en la construcción de 24 pozos de agua en la colina. Descubrimiento también para Goma, socializada por primera vez con otra perrita, Conga, doble en fuerza y en tamaño, muchos revolcones y agotmiento en el jardín de su casa mientras preparamos una barbacoa de carboncillo… Hoy vamos a reunir en el taller a una gran familia. Artistas, expertos en estaño, expertas en artesanía de raffia y derivados, fabricantes de sandalias e ingenieros de moda a máquina de pedal. Este primer ciclo está terminando y comienza la segunda parte del proyecto que debe desarrollarse en Europa. Nos marchamos de Ruanda cargados de ilusiones y espectativas. Aquí, entre toda la familia que hemos creado, entre todos los objetivos que hemos perseguido juntos, seguirá existiendo un taller entre mil colinas.