Story

Ser un mzungu en Africa



Ser un mzungu* en África es ser un esclavo libre y rico cumpliendo condena por la resaca de una historia que siempre nos precederá. Una historia en la que los más valientes ejércitos del primer mundo se emborracharon de poder y soberbia en tierras africanas.
Es la lucha desesperada del idealista.
El paraíso del tirano.
El autoengaño del romántico.

Ser mzungu nos permite pisar África y una vez allí nos aleja de ella. Levanta un muro infranqueable de racismo y lo disfraza de “amistad” apestada de necesidades materiales.

Tras una dura jornada, cierras los ojos y deseas que caiga la noche, que te cubra por completo y maquille la palidez de tus rasgos. En la noche, las sombras son sombras. Los ojos ajenos no te desnudan. Los silbidos cesan y dejas por unos instantes de ser aquello que han querido que seas. De ser aquello que ni te han preguntado si quieres ser.

Supongo que soy una idealista. Sigo creyendo que algún día - no muy cercano - nos mezclaremos tanto que el color no separará nuestros caminos. Algún día no tendremos que refugiarnos en guetos primer mundistas dónde encontramos hoy el respeto y la igualdad para seguir respirando. Supongo que algún día dejaremos de señalarnos con el dedo para lavar nuestros pecados y empezar de nuevo.

No pretendo entristecer a los románticos. Gracias a ellos nos acercamos a África con la esperanza de encontrar en nuestro camino gente que quiera regalarnos amistad a cambio de nada. Y gracias a ellos la encontramos. Encontramos a los pioneros que mueven el mundo desde sus pequeños rincones. Son ellos los que llenan nuestros proyectos y sueños en África.
Sólo por ellos merece la pena seguir siendo un idealista.


*mzungu: blanco. Extranjero para los “amigos”.