Story

TIA: this is Africa

Alguien me dijo un día que las malas noticias son muy cobardes, nunca vienen solas. Supongo que tenía razón pero... no debe ser fácil. Siempre despreciamos "los momentos malos". Llaman a la puerta y nunca son bienvenidos. Aún así, siempre que miramos atrás después de una gran tormenta “casi” agradecemos lo vivido porque nos recoloca en el espacio y en el tiempo. A menudo en un lugar mejor que de no ser por el drama jamás habríamos encontrado. Entre dientes y con la cabeza gacha tendremos que dar las gracias.
Esta es la historia de nuestro pequeño drama.
Parte 1

A finales de enero dejábamos nuestra antigua casa. Aquella que vio nacer el proyecto y dar sus primeros pasos. El espacio se nos había quedado pequeño. Me invadió la nostalgia prematura y la comodonería. Hice un amaguito de quedarme anclada a la escalera como una niña de 5 años que hace pucheros. No duró mucho.
A lo lejos oigo un “Dios mío!!!” seguido de “Inés tienes que ver esto!!!”
Y ahí estaba. Anclada también a nuestro jardín una bomba de mortero de tiempos de guerra. Nunca llegó a explotar. "Reposaba" clavada al suelo toda pancha, ahí donde nuestras dos perras se tumbaban a la sombra de un gran aguacatero en horas de siesta canina.
Llamamos a los militares ruandeses con una facilidad desconcertante, casi como si marcando un “081” atendieran tus percales bélicos caseros.
“Buenos días, esto….verá General, hay una bomba de mortero en mi jardín”
“De mortero dice? Ahora mismo venimos, pongan un cubo de plástico encima y manténganse alejados de la zona hasta que lleguemos.”
“Gracias General”
Y ahí estábamos todos con cara de imbéciles, sin quitarle el ojo a un cubo rosa de plástico tirado en el suelo. Inevitablemente no dejámos de pensar en las siestas caninas, los partidos de bádminton, el proyecto de proyecto de tienda en el jardín que nunca salió y tantos otros momentos en los que nunca supimos que con un solo golpe desafortunado tendríamos ahora un agujero perfecto para una piscina improvisada en el jardín de casa.

Vinieron los militares y la sacaron sin fuegos artificiales. Rápido, fácil y poco traumático. Casi como sacar una cebolla del huerto, vamos, como si de toda la vida.

La bomba me arrancó de la escalera, de mi tontería pasajera y de la casa. Partimos hacía el nuevo hogar. Nunca imaginé que un año de vida ocupara solo tres camionetas llenas. Sabíais que los ruandeses tienen un máster en mudanzas y otro en el Tetris? Mucho más de lo que se necesita para llevar una vida nomádica.

(Continuará…)